Al principio, este sonido en formación seguía manteniendo el 4×4 típico del house, lo que se conoció como speed garage. Pero pronto el productor junglista, obsesionado con la ciencia del break, transforma los ritmos en intrincadas secuencias de percusión sincopada que dan pie a una forma de R&B roto nunca antes vista. Frente a la estructura rítmica habitual en la mayor parte de la música de baile hasta entonces, que mantiene el tradicional four on the floor, esta nueva forma de garage sólo cuenta con un golpe de bombo en el primer y tercer tiempo del compás. Ese vacío en el ritmo que corta la respiración es compensado mediante otros elementos.
El dubstep no se detiene. Los últimos dos años han visto como seguía incorporando influencias diversas y experimentando con nuevas combinaciones de ritmo y textura todavía inéditas. Las posibilidades siguen pareciendo tan grandes como cercana la definitiva bastardización. Una vez consolidado, empieza a ser absorbido indisimuladamente por el mainstream, apareciendo planteamientos totalmente comerciales detinados a vender coches, remezclar éxitos diversos o servir de soporte orquestal para las divas del star system.

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